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DOMINGO 8 DE MARZO

« Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericodia
son eternas, pues los que esperan en ti no
quedan defraudados, mientras que el fracaso
malogra a los traidores. Salva, oh Dios, a Israel
de todos sus peligros.»
(Antífona de Comunión, Sal 24, 6.3.22)

REFLEXIÓN
«Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia;
escuchadlo» (Mt 17, 5).
"La invitación que el Padre dirige a los discípulos, testigos privilegiados del extraordinario acontecimiento de la transfiguración, resuena de nuevo hoy para nosotros y para toda la Iglesia. Como Pedro, Santiago y Juan, también nosotros estamos invitados a subir al monte Tabor junto con Jesús y a quedar fascinados por el resplandor de su gloria. En este segundo domingo de Cuaresma contemplamos a Cristo envuelto en luz, en compañía de los autorizados portavoces del Antiguo Testamento, Moisés y Elías. A él le renovamos nuestra adhesión personal: es el «Hijo amado» del Padre."
"Escuchadlo. Esta apremiante exhortación nos impulsa a intensificar el camino cuaresmal. Es una invitación a dejar que la luz de Cristo ilumine nuestra vida y nos comunique la fuerza para anunciar y testimoniar el Evangelio a nuestros hermanos. Como bien sabemos, es un compromiso que implica a veces muchas dificultades y sufrimientos. También lo subraya san Pablo, al dirigirse a su fiel discípulo Timoteo: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio» (2 Tm 1, 8)."
"La experiencia de la transfiguración de Jesús prepara a los Apóstoles para afrontar los dramáticos acontecimientos del Calvario, presentándoles anticipadamente lo que será la plena y definitiva revelación de la gloria del Maestro en el misterio pascual. Al meditar en esta página evangélica, nos preparamos para revivir también nosotros los acontecimientos decisivos de la muerte y resurrección del Señor, siguiéndolo por el camino de la cruz para llegar a la luz y a la gloria. En efecto «sólo por la pasión podemos llegar con él al triunfo de la resurrección» (Prefacio)." (Homilía de S.S. Juan Pablo II, Misa del Segundo Domingo de Cuaresma, 8 de abril de 2001).

ORACIÓN
Señor, Padre Santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alimenta nuestro espíritu con tu palabra; así con mirada limpia contemplaremos gozosos la gloria de tu rostro. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Historia de la Navidad

25 de Diciembre y las fiestas paganas

El día de Navidad es el 25 de diciembre, cuando se conmemora el Nacimiento de Jesucristo en Belén según los evangelios de San Mateo y San Lucas. Después de la Pascua de Resurrección es la fiesta más importante del año eclesiástico.
Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera ese día. De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad.
De esta manera seguía la política de la Iglesia primitiva de absorber en lugar de reprimir los ritos paganos existentes, que desde los primeros tiempos habían celebrado el solsticio de invierno y la llegada de la primavera.
La fiesta pagana más estrechamente asociada con la nueva Navidad era el Saturnal romano, el 19 de diciembre, en honor de Saturno, dios de la agricultura, que se celebraba durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes.
Al mismo tiempo, se celebraba en el Norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el Sol brillara con más fuerza.






Edad Media, nacimientos y villancicos

Una vez incorporados estos elementos, la Iglesia añadió posteriormente en la Edad Media el nacimiento y los villancicos a sus costumbres. En esta época, los banquetes eran el punto culminante de las celebraciones. Todo esto tuvo un abrupto final en Gran Bretaña cuando, en 1552, los puritanos prohibieron la Navidad. Aunque la Navidad volvió a Inglaterra en 1660 con Carlos II, los rituales desaparecieron hasta la época victoriana.

Siglo XIX árbol y postales de Navidad

La Navidad, tal como la conocemos hoy, es una creación del siglo XIX. El árbol de navidad, originario de zonas germanas, se extendió por otras áreas de Europa y América. Los villancicos fueron recuperados y se compusieron muchos nuevos (la costumbre de cantar villancicos, aunque de antiguos orígenes, procede fundamentalmente del siglo XIX). Las tarjetas de navidad no empezaron a utilizarse hasta la década de 1870, aunque la primera de ellas se imprimió en Londres en 1846.

Santa Claus y el Espíritu de Navidad

La familiar imagen de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes, es una invención estadounidense de estos años, aunque la leyenda de Papá Noel sea antigua y compleja, y proceda en parte de San Nicolás y una jovial figura medieval, el espíritu de navidad. En Rusia lleva tradicionalmente un cochinillo rosa bajo el brazo.
Navidad hoy día

Actualmente, la Navidad es tiempo de gran actividad comercial e intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares.
En Occidente se celebra la Misa del gallo en iglesias y catedrales. En los países de América Latina, de arraigada tradición católica, se celebra especialmente la Nochebuena (24 de diciembre) con una cena familiar para la que se elaboran una diversidad de platos, postres y bebidas tradicionales.
También se acostumbra asistir a la Misa del gallo y celebrar con cohetes y fuegos artificiales.

ADVIENTO

Significado del Adviento: Al celebrar la Iglesia el Adviento, te invita a meditar en la venida del Señor. Esta venida se nos presenta en tres dimensiones:

• Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.

• Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

• Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.
Esta celebración manifiesta cómo todo el tiempo gira alrededor de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre; Cristo el Señor del tiempo y de la Historia.
Esquema del adviento: Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.

El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:

I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor.
Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento".
Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.

II Domingo, la conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista.
Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de laReconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
Durante esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.

III Domingo, el testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo.
Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.
Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.

IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María.
Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo". Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento.

Corona de Adviento:

• Origen. La Corona de Adviento con sus cuatro velas es un símbolo tradicional de Alemania difundido por todo el mundo. Representaba el ruego para que el dios-sol regresara con su luz y calor durante el invierno. Los cristianos luteranos, al ver en Jesucristo el origen de la vida y luz espiritual, adoptaron este símbolo para expresar y vivir su fe en torno a la persona del Mesías.

• Significado. El círculo de follaje verde, recuerda la eternidad de Dios y nos hace pensar en los miles de años de espera del Mesías, desde Adán hasta su nacimiento y, en la actual espera de la segunda venido de Cristo. El color verde significa la esperanza de la vida.

Las cuatro velas que se colocan alrededor, significan la luz que disipan las tinieblas del pecado, son tres de color morado, que hablan del deseo de conversión y una rosa que habla de la alegría vivida con María, por la inminente llegada de Jesús.

La vela blanca del centro es la Luz de Jesús que con su nacimiento, viene a iluminar definitivamente la vida del hombre.

• Celebración. Es una costumbre que reúne a la familia, pues es allí en donde se sugiere la celebración. La familia unida hace una oración en torno a la corona, con alguna meditación alusiva a las lecturas dominicales; se enciende una vela cada semana cantando algo que hable de la espera del Salvador. La noche del 24 de diciembre con las cuatro velas encendidas, se enciende por último la vela blanca cantando villancicos y se "acuesta al niño Jesús" en el nacimiento, como de costumbre, desde luego después de haber leído el Evangelio del relato del Nacimiento en Belén y de haber hecho una reflexión y oración todos juntos. Generalmente en los templos se reparten hojas con oraciones sugeridas para esta celebración.

Nuestra preparación:
Nuestra preparación no tiene que ser sólo litúrgica, sino también espiritual y moral. Llama a la conversión del corazón y a la renovación de vida.
El tiempo de Adviento no es un tiempo de penitencia al estilo de la cuaresma, que busca la conversión por el hecho de conocer el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz. El Adviento es el tiempo favorable para emprender un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual, es conversión como preparación por la espera de Jesús.

La figura de San Juan Bautista destaca de manera especial en adviento. Es un compañero ideal, austero y gozoso a la vez. Su vida fue penitente en grado sumo, pero no resuena en ella nota alguna de tristeza. Como heraldo y precursor del Señor, se regocijo al escuchar la voz de Jesús. Este es el único capaz de sacarnos de nuestra propia complacencia. "¡Arrepentíos, el reino de los cielos está cerca!", gritaba.
La venida espiritual

En Cristo, el Hijo eterno, Dios ha aparecido entre nosotros en forma humana. E intenta entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, a fin de compartir su vida con nosotros. Él está a la puerta y llama, pero jamás forzará la entrada. La puerta que da acceso a nuestros corazones sólo puede ser abierta desde dentro.
Fue San Bernardo quien conectó esta venida espiritual de Cristo con el Adviento. En sus sermones para este tiempo habla de tres venidas de Nuestro Señor: su venida que tuvo lugar ya en el nacimiento, su futura venida en la gloria y su venida espiritual, que pertenece al presente. De esta última dice:"Esta venida intermedia es como la senda por la que pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta es nuestro descanso y nuestro consuelo".

Dos venidas entrelazadas
En Navidad celebramos la venida en un momento concreto. Esto no plantea una dificultad especial. Pero hay otra perspectiva, la del futuro, la del retorno de Cristo en gloria al final de los tiempos. Y aquí pude asaltarnos la dificultad. ¿Cómo hay que armonizar estos diversos aspectos?
Tal vez nos sorprenda y nos preguntemos por la conexión existente entre la venida de Cristo que aconteció hace más de dos mil años y su retorno futuro, en una fecha conocida sólo por el Padre.

Pero si reflexionamos, descubrimos que estas dos "venidas" están relacionadas entre sí y se complementan recíprocamente. Se las puede ver como dos fases o aspectos del único misterio de salvación.
Los padres de la Iglesia, fieles a la Escritura, no disociaron estas dos venidas, sino que las consideraron conjuntamente y hablaron de ellas sin separar una de la otra. San Cirilo de Jerusalén decía: "Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola -dice-, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior". Y continúa con la contraposición de estas dos venidas: "En la primera venida fue envuelto con pajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin mido a la ignominia; en la otra vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles".

El término mismo "adviento" admite una doble significación. Puede significar tanto una venida que ha tenido ya lugar como otra que es esperada aún: presencia y espera. En el Nuevo Testamento, la palabra griega equivalente es "parousia", que puede traducirse por venida o llegada, pero que se refiere más frecuentemente a la segunda venida de Cristo, al día del Señor.
No podemos proyectarnos a los tiempos del AT, como si esperásemos todavía un Mesías y un salvador. La prolongada noche de la espera ha pasado ya. Nos encontramos en la plenitud de los tiempos. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Es Emmanuel, "Dios con nosotros". Pero a pesar de todo esto, la Iglesia continua aguardando y esperando. Ella espera y ansía la plenitud de la venida de Cristo. El mundo ha sido redimido, pero la historia de la redención continúa. Y continuará hasta que Cristo, el Señor, termine su tarea. El reino de Dios no ha sido establecido aún de manera plena, y la obra de extender el reino de Cristo en la tierra tiene que continuar.

Tiempo de esperanza
La Iglesia es más consciente de que su esperanza descansa en el futuro. Ella mira hacia delante, hacia la restauración de todas las cosas en Cristo, a unos nuevos cielos y una nueva tierra. Sólo entonces alcanzará ella su perfección plena.
Ciertamente, es muy difícil practicar la esperanza en los tiempos que vivimos. Muchísimas son las cosas que militan en su contra: las críticas y ataques a la fe, los valores morales en declive, el materialismo, la secularización se vienen a la alza. Hablando humanamente, hay poquísimos motivos para la esperanza; pro la esperanza cristiana no se basa en meras consideraciones humanas, sino en la bondad y el poder de Dios.
Como pueblo de Dios, tenemos que poner lo que está de nuestra parte para la construcción de un mundo mejor y para preparar un camino al Señor. Ambas tareas son inseparables.

"Vigilar y orar"
La vigilancia es una virtud importante, pero bastante descuidada. Vigilar significa vivir en el pensamiento de la segunda venida de Cristo. Debería ser una actitud de mente constante, que gobernará toda nuestra conducta. Una virtud para todo momento, pero especialmente apropiada durante el Adviento.
Si estamos dispuestos y preparados en todo momento para servir a nuestros prójimos y a Dios, entonces estamos practicando la vigilancia; estamos al acecho de Cristo.
Esta actitud de vigilancia no es algo ansiosa, sino paciente y pacífica; pero es, al mismo tiempo, una postura de alerta.
"Somos más fuertes cuando esperamos que cuando poseemos. Cuando poseemos a Dios (o creemos poseerlo), lo reducimos a aquella pequeña cosa que conocemos y captamos de él, y lo convertimos en un ídolo... pero si sabemos que no le conocemos y si esperamos que él se nos dé a conocer, entonces somos captados, conocidos y poseídos por Él" Paul Tilich






LIBERTAD
Pocos valores tienen un atractivo tan universal como la libertad. Esta palabra ha sido tan traída y llevada como el gallito en un juego de bádminton. Organizaciones de muy diversa índole -partidos políticos, frentes revolucionarios, movimientos juveniles, etc.-se sirven de ella para enarbolarla en sus estatutos y presentaciones públicas. El ideal de la libertad parece que jamás estará fuera de moda. Es difícil encontrar una campaña revolucionaria o una constitución nacional que no proponga la libertad como uno de sus máximos logros.
Hoy día, con la caída del comunismo, la expansión de la democracia, el fácil acceso a la información y el progreso tecnológico el género humano está desarrollando un agudo sentido de la libertad. La cultura occidental rinde homenaje a la libertad en todos los sectores de la civilización. Existen estatuas y naves espaciales que llevan su nombre, monedas acuñadas en su honor, champús y dentífricos que prometen más libertad a quien los compra.
La palabra libertad casi tiene un talismán adherido. Hay ciertas palabras que poseen una especie de carga positiva o negativa, como los iones. Términos como «opción», «creatividad», «nuevo», «original» y «libertad» llevan una carga positiva: de antemano estamos predispuestos favorablemente a ellos, aunque no sepamos a qué se refieren.
Cabe una distinción más. No es lo mismo ser libre que usar correctamente la libertad. Apreciamos, con razón, la libertad en sí misma y reconocemos que es bueno ser libres. La libertad nos ennoblece como seres humanos y nos permite participar en cierto modo de la libertad de Dios. Sin embargo, podemos también abusar de la libertad. Si existen leyes, policías y prisiones es porque existe la posibilidad real de que usemos mal nuestra libertad. En cierto momento, estas instituciones se colocan delante de uno y le dicen: «Lo siento, amigo, has ido demasiado lejos. Te has pasado de los límites».
Resulta extraño ver cómo muchos traen a cuento el mismo concepto como fuente e inspiración de actividades muy dispares. Los pecadores pecan en nombre de la libertad, mientras que los santos ejercitan su santidad precisamente bajo esta misma bandera. Charles Manson fue capaz de asesinar un buen número de personas inocentes porque era libre. Y por esta misma razón, Juana de Arco dio su vida en lugar de renunciar a la misión que Dios le había encomendado. De hecho, no puede haber pecado, ni crimen, ni violencia si no hay libertad, como tampoco puede haber santidad, ni virtud, ni bondad, ni amor.
Sin embargo, la libertad no es, en realidad, la inspiración de horribles crímenes, ni tampoco de heroicos gestos de virtud. Sólo es la condición necesaria que permite que estos actos se realicen. Cuando se ve la libertad como un absoluto, desligada de todo principio, puede llevar a los más graves abusos. Como dijo Juan Pablo II en un discurso en Polonia en enero de 1993: «La libertad entendida como algo arbitrario, separada de la verdad y de la bondad, la libertad separada de los mandamientos de Dios, se vuelve una amenaza para el hombre, y conduce a la esclavitud; se vuelve contra el individuo y contra la sociedad».
La libertad necesita de los valores. Ella sola me ofrece únicamente la posibilidad de actuar, mientras que los valores me dan la razón o el motivo para actuar. Si soy totalmente libre, pero carezco de valores, ¿qué haré? Mis valores son los que me moverán, los que me dirán: «Haz esto. Esto es bueno; es correcto; es importante». Los valores son los que atraen mi voluntad; la libertad permite que mi voluntad se mueva hacia esos valores. Mi voluntad desea y, porque es libre, es capaz de ir en busca de sus deseos.
También es útil distinguir entre libertad y derechos. La libertad no es una especie de calcomanía cósmica que certifica que todas mis acciones son buenas y lícitas en la medida en que son libres. La libertad no es lo mismo que el derecho de hacer algo, aunque los dos se confunden con frecuencia. «¡Puedo hacer lo que me plazca! ¡Este es un país libre y soberano!». El hecho de que sea libre para hacer algo (sin constricción) no me da derecho para hacerlo. Soy libre para matar a una persona -tal vez nadie me lo podrá impedir físicamente-, pero no tengo derecho de matar.
La libertad, en sí misma no justifica nada. Si Antonio dice a su hermano: «Francisco, no debes cometer adulterio. Debes ser fiel a tu esposa»; y Francisco le contesta: «¡Puedo hacer lo que yo quiera! ¡Para eso soy libre!», esta respuesta está fuera de lugar, y tiene muy poco que ver con el consejo de su hermano. Nadie está poniendo en duda la capacidad de Francisco para hacer esto o aquello. Todos somos capaces de obrar como bestias, pero no debemos actuar como bestias, ni tenemos derecho de hacerlo.
Libertad y límite
A pesar de nuestra grandeza por llevar el sello de la imagen y semejanza de Dios, somos limitados. Desentrañamos progresivamente los secretos de la naturaleza y aprendemos cómo sacar provecho de las fuerzas del cosmos, y, sin embargo, ¡cuánto queda aún fuera de nuestro control! La libertad humana no es infinita o absoluta. Tenemos que trabajar juntamente con nuestra naturaleza. Esta limitación fundamental de la existencia humana se manifiesta en cuatro dimensiones:
-Limitaciones lógicas: Hay ciertas cosas que no podemos hacer simplemente porque no se pueden hacer. Esto no se debe a la flaqueza del hombre, sino a la realidad misma de las cosas. No puedes construir, diseñar, ni siquiera concebir, un círculo cuadrado; es una imposibilidad lógica. Tampoco puedes componer un soneto clásico en cinco líneas. Estas limitaciones se dan, pues, en toda situación que es intrínsecamente contradictoria.
-Limitaciones físicas: Podemos hacer muchas cosas, pero siempre dentro de las posibilidades de nuestra naturaleza. Ella no consiente que tú y yo salgamos volando por la ventana sin necesidad de instrumento alguno, ni tampoco que alcancemos una edad de 529 años, o que aumentemos nuestra estatura unos 10 centímetros después de los 20 años. Las leyes físicas y biológicas no dependen de nuestra voluntad, y nos señalan con claridad un límite real.
-Limitaciones intelectuales: Ninguna persona humana es omnisciente. Por cada segmento de información que logramos asimilar, hay una cantidad infinita de datos que se nos escapan. Como dijo un filósofo: «Cuanto más sé, más me doy cuenta de lo poco que sé». Nuestro conocimiento de las cosas jamás es completo.
-Limitaciones morales: En sentido propio, esta limitación se refiere a nuestra incapacidad para escoger siempre el bien, si no es con la ayuda de una gracia sobrenatural. En un sentido secundario, quiere decir que estamos sujetos a la ley moral, y no por encima de ella. Somos libres para optar por el bien o por el mal, pero no podemos dictaminar según nuestro capricho que algo sea bueno o malo. Somos libres para robar, pero no podemos convertir el robo en un acto de virtud por pura fuerza de voluntad. Seguirá siendo un acto malo, sea que lo reconozcamos o no. El bien y el mal no son invención del hombre. La moralidad corresponde al bien y al mal objetivos. De nosotros depende solamente el adherirnos a uno o a otro.
La presencia de restricciones es una condición indispensable para el ejercicio de la libertad. Soy libre para jugar béisbol en la medida en que existen unos límites que constriñen mi libertad, es decir, unas reglas que debo seguir. Si pudiera poner un número variable de jugadores en el campo, por ejemplo, 34, en lugar de nueve, se arruinaría el juego; ya no sería libre para jugar béisbol. Sería, además, ridículo ir cambiando las reglas a lo largo del partido.
La libertad sin restricciones es como un cuerpo sin esqueleto o como una compañía que no acaba de decidir si su objetivo es hacer dinero o perderlo. Todo carece de sentido cuando no hay una estructura, unos objetivos claros o una dirección. La libertad necesita unos límites, como todo río necesita sus riberas.

LOS PROCESOS DE EDUCACION EN LA FE.

La opción pedagógica fundamental de la Pastoral Juvenil es el reconocimiento del carácter procesual y dinámico de la formación y de la educación en la fe. No es posible entender la acción de la persona sin esta tarea que se convierte en un proyecto diario, en un reto cada vez más original. Ni el ser humano ni los grupos nacen hechos; por el contrario, tienen ante sí un largo camino de formación que abarca diversos aspectos y comporta diversas exigencias.

Esto significa que se deben tener en cuenta los “tiempos” de crecimiento, de identificación afectiva, de asimilación y de compromiso que son propios de los jóvenes. Significa también reconocer que el proceso educativo es un camino que realiza el mismo joven, que él es el principal responsable de dar los pasos correspondientes, que de él son los méritos de los resultados obtenidos y que suya es también la responsabilidad de lo que no logra conseguir.

1 La Formación Integral.

Pero, ¿qué es formar?. Muchos han entendido y entienden la formación como una mera instrucción. Formar sería entonces la tarea de unos pocos “ya formados”, quienes unilateralmente indicarían el camino a los demás, convirtiendo así la formación en un ejercicio más intelectual que experiencial y vivencial. Para la Pastoral Juvenil Latinoamericana, formar es generar en los jóvenes y en los grupos nuevas actitudes de vida y nuevas capacidades que les permitan ser, clarificar sus proyectos de vida, vivir en comunidad e intervenir eficazmente para la transformación de la realidad.

En esta visión, la formación es un proceso de crecimiento, tanto personal como grupal y social, con metas claras a alcanzar y profundamente encarnado en las condiciones históricas y sociales en que se vive. Se trata de un proceso de educación no formal que requiere del asesor una gran capacidad de escucha, una enorme disponibilidad para “perder el tiempo” con los jóvenes donde y cuando ellos quieran y un decidido impulso a una pastoral que responda a sus verdaderas necesidades. No es lo mismo ser docente en un instituto de formación dentro de un horario, en una sala de clase, con un programa predefinido de objetivos y contenidos, que asesorar grupos de jóvenes en una parroquia o en un ambiente donde el mismo asesor tiene que ir a los jóvenes, convocarlos, motivarlos, animarlos y acompañarlos.

Muchos piensan también, que la formación es un conjunto amplio y bien elaborado de “actividades formativas”. Formar sería entonces realizar cursos, jornadas y encuentros, no siempre muy integrados unos con otros y coherentes entre sí. En un proceso de educación no formal, lo doctrinal y lo conceptual son el punto de llegada y no el punto de partida. No se niega la importancia de todas esas actividades; sólo se quiere afirmar que solas nos bastan y que son válidas en la medida en que estén ligadas al núcleo formativo por excelencia que es la acción.

No se quiere caer en la tentación del “primero formar para después actuar” ni en la del activismo de “la acción por la acción”. A través de metodologías adecuadas se propone una formación en la acción donde se ofrezca al joven la posibilidad de realizar una acción reflexionada y de tener una reflexión comprometida. Desde colaborar en la preparación del lugar de la reunión o dirigir un juego, hasta sistematizar su propia experiencia, pasando por dialogar en el grupo, orientar una reunión, preparar una celebración, organizar una actividad o planificar una acción, los jóvenes van adquiriendo la capacitación técnica para hacer bien lo que importa hacer. La acción concreta en su realidad de trabajo, en la universidad, en la familia, en el barrio es la mejor escuela de formación: se forma para la vida en la vida misma. La reflexión no es un momento separado de la acción.

Al hablar de la pedagogía pastoral se hizo referencia al carácter integral de este proceso de educación en la fe. Para tener en cuenta la multiplicidad y riqueza de aspectos del crecimiento de la persona y el carácter procesual de su maduración, la Pastoral Juvenil Latinoamericana propone un proceso de formación integral que atiende cinco DIMENSIONES -la relación consigo mismo, la relación con el grupo, la relación con la sociedad, la relación con Dios liberador y la relación con la Iglesia- y se desarrolla en tres ETAPAS: la nucleación, la iniciación y la militancia.

2 Dimensiones de la Formación Integral.

Se ha dicho que la formación es un proceso teórico-práctico que tiene como punto de partida la vida del joven y que vuelve a la vida para proyectarse en nuevas actitudes y capacidades. Si el centro de la formación es la vida del joven, los planes de formación deberán responder a las diversas dimensiones que la conforman. Para que la formación sea integral, hay que procurar abarcar a todo el joven y ayudarlo a integrar su persona en una unidad que le vaya facilitando la realización de su proyecto de vida.

Se presenta a continuación una breve descripción de cada una de las cinco dimensiones señaladas anteriormente y de los correspondientes procesos de crecimiento que se van desarrollando en la vida de los jóvenes.

2.1 Relación del joven consigo mismo.

Corresponde a la realidad psico-afectiva y al proceso de personalización que vive el joven. Es la búsqueda constante de una respuesta, no especulativa sino existencial, a la pregunta “¿quién soy yo?”. Es el esfuerzo de crecer y madurar como persona, es decir, de hacerse cargo libre y responsablemente de sí mismo para ser capaz de entregarse por los demás.

En esta dimensión, el joven desarrolla procesos de conocimiento continuo de sí mismo, de sus aptitudes y cualidades y de sus sentimientos e intereses en relación a los demás; procesos de autocrítica, de conversión y superación de sus crisis y conflictos; procesos de descubrimiento de su dignidad personal, de crecimiento de su autoestima y de apertura para sentirse amado y capaz de amar. En esta dimensión se juega especialmente su capacidad para ser sujeto de su propio crecimiento y para ir optando por valores y principios que serán la base de su existencia, hasta llegar a la definición de un proyecto de vida que asuma los valores de la propuesta de la Civilización del Amor.

2.2 Relación con el grupo.

Corresponde a la dimensión social que es esencial a toda persona y al proceso de formación para ser capaz de integrarse en una comunidad donde vivir y alimentar continuamente su crecimiento personal integral. El grupo ofrece un espacio para ir descubriendo, de modo concreto y vivencial, la necesidad de realizarse como persona en la relación con el otro. Esta relación ayudará a crecer ejercitando la crítica y la autocrítica como medio para superarse personalmente y colaborar en el crecimiento de los demás.

Este proceso de maduración lleva al joven a ir construyendo relaciones de compañerismo, de amistad y de fraternidad hasta incorporar estas actitudes en una valoración de la experiencia comunitaria como referencia permanente para su vida. El joven aprenderá a vivir en grupo, aceptando y valorando a cada persona, reconociendo sus valores y haciéndose capaz de renunciar a los intereses personales para asumir los de la comunidad. Irá desarrollando su capacidad para trabajar en equipo y para vivir en una actitud de servicio que lo haga crecer en la responsabilidad por su propia vida y por las situaciones del grupo.

2.3 Relación con la sociedad.

Corresponde al proceso de socialización o de inserción del joven en la sociedad. Esta dimensión formará al joven para ser capaz de proyectarse en su comunidad local, nacional e internacional.

La experiencia de grupo es el punto de partida para abrirse a relaciones más amplias y complejas que se dan más allá del mismo grupo y llegar a descubrir las organizaciones sociales intermedias como espacios posibles de compromiso trasformador. Esto implica un proceso de maduración desde una conciencia frecuentemente ingenua hacia una conciencia crítica de la problemática social, tanto local como universal. A partir de acciones que al principio son, a menudo, sólo asistenciales, el joven va descubriendo los niveles de organización de la misma sociedad, va valorando especialmente el rol de los organismos políticos, sindicales, barriales, populares, etc. y va asumiendo la opción por los pobres como una actitud de servicio y solidaridad, hasta llegar a incorporarla en su propio proyecto de vida.

Esta dimensión le dará elementos y lo capacitará para crear y participar en todo tipo de proyectos alternativos de tipo económico, político, educativo, etc. que fortalezcan el proceso de lucha popular por estructuras más humanas y por la construcción de la Civilización del Amor.

2.4 Relación con Dios Liberador.

Corresponde a la experiencia de fe del joven. Es la progresiva experiencia de la presencia de Dios actuando en los acontecimientos de su vida, de la vocación más profunda de ser hijo y hermano, del descubrimiento de Jesús y de la opción por seguirlo, del discernimiento de la acción del Espíritu en los signos de los tiempos de la historia personal, grupal, eclesial y social y del compromiso radical de vivir los valores del Evangelio.

Partiendo de su experiencia religiosa básica, el proceso tiende a educar al joven en el discernimiento cristiano para que vaya descubriendo y vivenciando su vocación, vaya elaborando un proyecto de vida cristiano y asuma explícitamente el estilo de vida de Jesús y la propuesta de la Civilización del Amor.

En realidad, esta dimensión está presente y es la base de las otras cuatro dimensiones. La persona de Jesús y su propuesta liberadora son el centro del proceso formativo de la Pastoral Juvenil.

2.5 Relación con la Iglesia.

Corresponde al proceso de inserción del joven en la Iglesia. También su núcleo desencadenante y eje articulador es el grupo o comunidad juvenil, que se propone como experiencia primaria de “pequeña iglesia”, en una escala apta para el joven. En el grupo, es posible descubrir que la fe no se vive en solitario, que en la vida de la pequeña comunidad es donde Jesús acontece y se hace posible el Reino que anuncia y que la Iglesia es una comunidad de comunidades.

El proceso pasa también por asumir las contradicciones y conflictos que se dan al interior de los diferentes niveles de la comunidad eclesial. La meta es que el joven descubra su lugar en ella y desarrolle su conciencia y su sentido de pertenencia y responsabilidad al reconocerse como miembro activo del pueblo de Dios, con una vocación propia y un rol especifico a cumplir.

El desarrollo de estas cinco dimensiones no se realiza en un proceso lineal, siempre progresivo. Más bien, podría representarse en forma de una línea espiral, que pone de relieve dos aspectos igualmente importantes: los momentos de “bajón” y retroceso que se dan en el proceso de maduración y la necesidad de estar atentos para que el proceso de maduración se desarrolle armónicamente en todas las dimensiones. Un grupo que sólo desarrolla la dimensión psico-afectiva de sus miembros se transforma en un grupo de terapia; si sólo desarrolla la dimensión grupal, será un grupo de amigos; una maduración exclusiva de la dimensión social, hará del grupo, un grupo de activistas; quedarse sólo con la experiencia de fe, hace correr el riesgo de plantear y vivir una fe desencarnada; la pretensión de hacer madurar el grupo sólo en su dimensión de eclesialidad, puede llevar fácilmente a su instrumentalización.

3 Etapas del Proceso de Educación en la Fe.

La sistematización del proceso de formación integral en etapas procura respetar los tiempos del crecimiento de los jóvenes, pues entiende que la persona humana no está “hecha” sino que “se va haciendo” en su propia historia. La experiencia de la Pastoral Juvenil Latinoamericana reconoce tres etapas: la Nucleación, la Iniciación y la Militancia.
Como preparar una oración

Es preferible, cuando sea posible, reunirse mejor en una iglesia, intentando darle una belleza acogedora. La disposición interior es importante para sostener una oración común. No se trata de hacer una restauración de iglesia, sino arreglos interiores a través de medios muy sencillos. Si no resultara posible rezar en una iglesia, será importante arreglar armoniosamente el lugar de la oración. En la oración es con Cristo con quien tratamos, entonces será deseable que todos los participantes miraran hacia una misma dirección. Un lugar de oración llega a ser acogedor con muy poco: una cruz, una Biblia abierta, cierta iluminación, iconos… Mantener una luz discreta, que no ciegue, encendiendo la parte delante con pequeñas velas. Disponiendo las sillas sólo a lo largo de las paredes, un espacio vacío, sin bancos, recubierto por un tapiz, se puede utilizar para arrodillarse.

Los animadores están al servicio de la oración. La preparan y conducen su desarrollo para permitir el recogimiento de los que participan en ella. A partir del momento en que se inicie la oración no se dará más anuncios técnicos o explicaciones para que no interferir con el recogimiento de cada uno.

Los iconos: Los iconos ayudan a que la oración sea bella. Son como ventanas que se abren hacia las realidades del Reino de Dios y las hacen presentes en nuestra oración aquí en la tierra. Son una llamada a nuestra propia transfiguración. Siendo imagen, el icono no es solamente pura ilustración o decoración. El icono es el símbolo de la encarnación, es presencia que ofrece a los ojos el mensaje espiritual que la Palabra dirige a los oídos.
Para entrar en la oración, escoger uno o dos cantos de alabanza.

Salmo
Jesús rezaba estas antiguas oraciones de su pueblo. Desde siempre los cristianos han encontrado en ellos una fuente. Los salmos nos sitúan dentro de la gran comunión de los creyentes. Nuestras alegrías y nuestras tristezas, nuestra confianza en Dios, nuestra sed e incluso nuestras angustias encuentran una expresión en los salmos.
Una o dos personas leen o cantan en solo los versículos de un salmo. Todos responden con un aleluya u otra aclamación cantada después de cada versículo. Estos deben ser cortos, dos líneas generalmente; los versículos, si son leídos, pueden ser más largos. Se ha hecho una selección de versículos accesibles para cada oración. Si se utiliza otros salmos no se dude en escoger sólo algunos versículos, los más asequibles. No es necesario leer todo el salmo.

Lectura
Leer la Escritura significa acercarse «a la fuente inagotable que dispensa el propio Dios a los hombres sedientos» (Orígenes, siglo III). La escritura es una «carta de Dios a su criatura» que hace «descubrir el corazón de Dios en las palabras de Dios» (Gregorio el Grande, siglo VI).
Para una oración regular se acostumbra a hacer una lectura continua de los libros bíblicos. Para una oración semanal o mensual escoger mejor textos mayores que no necesiten explicaciones. Cada lectura se introduce con «lectura de…» o «del Evangelio según san…». Si hay dos lecturas la primera puede ser escogida del Antiguo Testamento, de las Epístolas, de los Hechos de los Apóstoles o del Apocalipsis; la segunda es siempre la del Evangelio. Entre las dos lecturas se inserta un canto meditativo.

Antes o después de la lectura será bueno escoger un canto que celebre la luz de Cristo. Durante este canto algunos jóvenes o niños se acercan con una vela en la mano para encender una lámpara o velón. Dicho símbolo recuerda que, incluso si la noche se vuelve densa, en la vida personal o en la vida de la humanidad, el amor de Cristo es un fuego que nunca se apaga.

Canto

Silencio
Cuando intentamos expresar la comunión con Dios a través de palabras, la inteligencia se encuentra desprevenida. Pero, en las profundidades de la persona humana, por el Espíritu Santo, Cristo ora más de lo que podemos imaginar.
La voz de Dios no se calla, pero Dios nunca quiere imponerse, a menudo su voz se oye como en un susurro, en un soplo de silencio. Mantenerse en silencio en su presencia, para acoger su Espíritu, ya es orar.

No buscar un método para obtener un silencio interior a toda costa, provocando en sí mismo como un vacío, sino dejar, en el silencio, que Cristo ore en uno con la confianza de un niño, y un día descubrimos que las profundidades de la persona humana están habitadas.
En una oración común será conveniente tener un solo momento largo de silencio – de cinco a diez minutos – mejor que varios momentos cortos. Si aquellos que participan en la oración no están acostumbrados a un silencio así, será importante anunciarlo al final del canto que lo precede: «Continuaremos ahora la oración permaneciendo un momento en silencio.»
Oración de intercesión u oración de alabanza

Una oración hecha de peticiones o aclamaciones breves, con una respuesta cantada por todos, puede constituir como una «columna de fuego» en el corazón de la oración común. Por medio de las intercesiones nuestra oración se ensancha a las dimensiones de toda la familia humana: confiamos a Dios las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los humanos, de los pobres y de todos aquellos que sufren. Por medio de la oración de alabanza celebramos todo lo que Dios es para nosotros.

Una o dos personas alternativamente expresan las peticiones o las aclamaciones de la oración, la cual estará introducida y marcada por un canto: Kyrie eleison (Señor, ten compasión); Te alabamos, Señor. Una vez terminadas todas las peticiones o aclamaciones escritas será bueno ofrecer a los participantes la posibilidad de una expresión espontánea para algunas oraciones que surgen de su corazón. Se estará atento a que sean breves y que se dirijan a Dios: no deberán ser transformadas en un diálogo horizontal en el que, creyendo hablar a Dios, se desea en realidad transmitir sus propias ideas a los demás. Se concluye cada una de las oraciones espontáneas con la misma respuesta cantada por todos.

Padrenuestro

Oración de conclusión

Cantos
Al final la oración puede prolongarse a través del canto. Para apoyar el canto un pequeño grupo permanece con los que desean continuar rezando.

Dios se manifiesta de maneras misteriosas

Eugenio TorresUno de los fundadores de la Alianza Floridiana para el Progreso, Inc., que ayuda a la juventud de Broward, y miembro de la parroquia San Isidro.


Hace ya muchos años, cuando me gradué de la Universidad de Puerto Rico con un flamante diploma de bachiller en ciencias.
Pensaba yo que nada era imposible de hacer en un laboratorio, y aquello que no se pudiera comprobar en una probeta o en un tubo de ensayo, no existía. Era casi mi religión, el pensar así, a pesar de que venía de un hogar tan católico como el mío. Algo pasaría, que me hizo cambiar de idea.

Resulta que vivía cerca de mi casa un sacerdote. Se llamaba el padre Felix Díaz. Le gustaba tocar la guitarra y nos hicimos grandes amigos, porque desde niño yo hacía y arreglaba guitarras con mi padre. Salíamos de noche a los velorios y a las promesas cantadas cuando alguien mandaba una promeza a la Virgen María para que le ayudara en algún momento de su vida. Como yo andaba con el cura, mi madre y mi padre no me regañaban cuando llegaba de madrugada de los velorios. Para mí era muy conveniente.

Un día, el padre Díaz me pidió que lo llevara a ver a mi abuela. El quería saber si era verdad que ella sabía de memoria una gran parte del evangelio, según aparece en la Biblia. El dudaba porque conocía que ella no sabía leer ni escribir y tampoco mi abuelo.
En ese tiempo, las misas eran en latín y eso aumentaba la curiosidad del padre Díaz: " no pudo aprenderlo en las misas", me dijo. Fuimos a ver a mi abuela y ella accedio a decirle al Padre lo que él le preguntaba.

Salimos de allí, y el padre Díaz me dijo que en verdad, ella conocía lo que la gente decía que sabía. Tal vez habría alguna palabra diferente, pero ella sabía gran parte del evangelio. Me contó el padre Díaz lo que mi abuela tantas veces me había dicho: Ella decía que sabía el evangelio de memoria porque lo aprendió en un sueño.

Enseguida salió de mi el reto para que se me diera evidencia científica de que eso podía ocurrir. No tenía base científica. El padre Díaz me miró con un gran sentimiento de cariño, se sentó conmigo y abrió la Biblia en el Libro De Job. Me señaló la parte en donde Dios le hacía preguntas a Job y este no sabía las contestaciones. El Padre Díaz me dijo entonces: "Mira Eugenio, hay misterios de Dios que no podemos entender, pero sabemos que están ahí todo el tiempo, con nosotros. Si tu abuela sabe o no el evangelio al pie de la letra, no es importante. Lo importante es que ella difunde la palabra de Dios entre las gentes y a través de ella se casan por la Iglesia y siguen creyendo y obedeciendo a Dios.

Ese día aprendí lo que ningún libro me podría enseñar: Dios se manifiesta de maneras misteriosas, las cuales no podemos entender, pero podemos ver su obra en la naturaleza y en las gentes. Esa tarde acompañé al padre Díaz a la iglesia y oré con él porque había cambiado mi vida para siempre. Luego volvimos a tocar la guitarra juntos.

1) Dialogar con Dios“
Alguno de vosotros podría tal vez identificarse con la descripción que Edith Stein hizo de su propia adolescencia, ella, que vivió después en el Carmelo de Colonia: "Había perdido consciente y deliberadamente la costumbre de rezar". Durante estos días podréis recobrar la experiencia vibrante de la oración como diálogo con Dios, del que sabemos que nos ama y al que, a la vez, queremos amar”.

2) Contarle las penas y alegrías“
Abrid vuestro corazón a Dios. Dejaos sorprender por Cristo. Dadle el "derecho a hablaros" durante estos días. Abrid las puertas de vuestra libertad a su amor misericordioso. Presentad vuestras alegrías y vuestras penas a Cristo, dejando que él ilumine con su luz vuestra mente y toque con su gracia vuestro corazón.

3) No desconfiar de Cristo
“Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Sólo él da plenitud de vida a la humanidad. Decid, con María, vuestro "sí" al Dios que quiere entregarse a vosotros. Os repito hoy lo que dije al principio de mi pontificado: ‘Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren de par en par las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera’. Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo”.

4) Estar alegres: querer ser santos
“Más allá de las vocaciones de especial consagración, está la vocación propia de todo bautizado: también es esta una vocación a aquel ‘alto grado’ de la vida cristiana ordinaria que se expresa en la santidad. Cuando se encuentra a Jesús y se acoge su Evangelio, la vida cambia y uno es empujado a comunicar a los demás la propia experiencia (...). La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad. Os invito a que os esforcéis estos días por servir sin reservas a Cristo, cueste lo que cueste. El encuentro con Jesucristo os permitirá gustar interiormente la alegría de su presencia viva y vivificante, para testimoniarla después en vuestro entorno”.

5) Dios: tema de conversación con los amigos“
Son tantos nuestros compañeros que todavía no conocen el amor de Dios, o buscan llenarse el corazón con sucedáneos insignificantes. Por lo tanto, es urgente ser testigos del amor contemplado en Cristo. Queridos jóvenes, la Iglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás”.

Algo de lo que hacemos en la PJD